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Elizabide el vagabundo, Pío Baroja

Pío Baroja
Baroja siempre me sorprende, no es un secreto que es de lejos mi escritor favorito. Tiene la increíble habilidad de hacer que escribir parezca fácil. Esa aparente sencillez artística oculta un increíble talento dificilísimo de imitar. Lo cuentan los pintores que han tratado de imitar las pinturas rupestres: no pueden, son incapaces.

Hace unos días encontré en la biblioteca un precioso cuento sobre un tipo que regresa de américa a su pueblo guipuzcoano, sin haber hecho fortuna, por la puerta de atrás. Un cuento humilde, sin ninguna pretensión, con un protagonista muy barojiano: un antiéroe tímido y romántico con el que resulta muy fácil identificarse. De lo mejor que he leído en los últimos años. Os dejo el típico retrato impresionista barojiano de Elizabide:

"Era un tipo bastante curioso el de Elizabide el Vagabundo. Reunía todas las cualidades y defectos del vascongado de la costa; era audaz, irónico, perezoso, burlón. La ligereza y el olvido constituían la base de su temperamento; no daba importancia a nada, se olvidaba de todo. Había gastado casi entero su escaso capital en sus correrías por América, de periodista en un pueblo, de negociante en otro, aquí vendiendo ganado, allá comerciando en vinos. Estuvo muchas veces a punto de hacer fortuna, lo que no consiguió por indiferencia. Era de esos hombres que se dejan llevar por los acontecimientos sin protestar nunca. Su vida, él la comparaba con la marcha de uno de esos troncos que van por el río, que, si nadie los recoge, se pierden, al fin, en el mar."

Ramuntcho: ¿encinas o robles?

Portada de Ramuntcho, edición francesa
Hace unos días me decidí por fin a leer el famosísimo (sobre todo en Francia) Ramuntcho, de Pierre Loti, traducido por un tal Manuel de Montoliu.

Algo sé de francés, así que desde el principio me llamó mucho la atención una errata que se repite a lo largo de todo el libro, creo que en más de 20 ocasiones. Es la incorrecta traducción del término francés Chêne por encina. Aquí, obviamente por el contexto del lugar donde transcurre la acción, Euskal Herria, el traductor debería haber puesto roble.

Incluso en un par de ocasiones, se lee que, siendo otoño, "el suelo estaba tapizado de hojas de las encinas", cuando (casi) todo el mundo sabe que la encina, aparte de ser un árbol más propio de otras latitudes, es de hoja perenne.

Esto sería una mera anécdota (sin dejar de ser un grave error por parte del traductor) si no fuera porque precisamente Loti, conociendo el profundo simbolismo del roble en Euskal Herria, el importantísimo Haritza, quiso hacer hincapié en esta especie, dándole un gran protagonismo en toda su novela. Protagonismo que, el traductor se ha cargado de un plumazo.

Por cierto, una novela muy recomendable. Quizá demasiado 'pintoresca' y abundante en estereotipos, pero amable, de fácil lectura y muy entretenida. En cualquier caso, yo me sigo quedando con el Zalacaín de Baroja.